Incorporados al sustancial aporte que signa el estudio de la historia de Río Negro y Neuquén, la historiadora dedicada a la mujer mapuche introduce vía sus investigaciones una mirada sobre el pasado y presente de la mujer mapuche.

-De la lectura de sus investigaciones sobre los temas de género en el pueblo mapuche se infiere que, como tal, es un tema que se avanza a tanteos, muy inexplorado.

Una particularidad sobre un todo que sí se ha trabajado mucho desde la ciencia histórica.

Si este inferir es correcto, ¿cómo se está avanzando? -Es una inferencia correcta, sí.

Y los avances se dan, por lo general, muy contemporáneos e interdisciplinarios… concurren en esa dirección varios planos de las ciencias sociales.

Sí, hay lo que yo defino como “importante presencia indígena” en Neuquén que está muy tratada desde lo académico como eso que usted define como un todo.

Pero recién ahora se está incursionando en los temas de género… Hay un universo de 45.000 mapuches, tomando datos oficiales extraídos de los Censos Nacionales, que estuvo siempre muy lejos de ser reflexionado desde ese ángulo.

Podemos afirmar con rigor que la academia invisibilizó a las mujeres mapuches por décadas.

-¿Por dictados de designios disciplinadores emergentes de la Conquista del Desierto? -Hizo a eso, entendiendo por tal el hegemonismo que implantó en cuanto a ejercicio del poder sobre la estructura social conquistada.

Todo un proceso en que la mirada de la academia fungió desde paradigmas patriarcales y religioso católico.

- En este marco, ¿se está entonces ante problemas en el manejo de fuentes, siempre hablando de género? -Y posiblemente en ese desafío está uno de los rangos por los cuales seduce el tema.

Es complejo reconstruir en relación al tema, organizar, construir ideas sobre como fungía éste en el orden social mapuche anterior a la Conquista, orden que era comunitario… -¿Manda la oralidad? -Por supuesto.

Es un orden cultural sostenido en la oralidad.

Ésta es una de las razones principales, sino la más importante, que condicionan la reconstrucción de aquel orden.

Además, y como señalo en mis investigaciones, la lengua mapuche no es fácilmente traducible al castellano.

Está conformada por una red de simbolismos, alcances del orden de lo filosófico, entre otras características, que condicionan trasladarlos en términos exactos a nuestra lengua.

Sin embargo, hay tradición de transferencia de todo ese andamiaje hacia los descendientes, fuentes del hoy.

Esto permite reconstruir vía el relato de estas fuentes sus recuerdos, sus convencimientos sobre lo que les llegó de sus antepasados; una aproximación a aquel orden como objeto de estudio.

-Sin embargo en cada uno sus trabajos usted vuelve a una pregunta: ¿es válido analizar a los pueblos indígenas en términos de género? Usted misma señala que era un orden social donde no existía la división del trabajo tal cual la especializó aquí la cultura occidental… -Pero no me obvie la respuesta que doy a esa pregunta: es válido.

Una validez que alienta el debate.

Mi opinión es que el pueblo mapuche tenía un orden de género basado en la horizontalidad que define el orden comunitario que les fue propio.

Fundo mi opinión en la reconstrucción vía fuentes que voy logrando.

Pero era, claro, un orden de género que se dio de bruces con la idea de género de la modernidad/colonial que se les impuso.

Se desestructuró lo existente en ese plano.

Se modeló desde el machismo, lo patriarcal como sistema hegemónico, todo acompañado, y no voy a entrar en detalle, por un avasallamiento de los contenidos de espiritualidad.

-¿No había machismo en el pueblo mapuche preexistente a La Conquista? -Ese es un tema en debate.

No hay acuerdo entre miradas, posturas que, en todo caso, se están construyendo; insisto, toda esta cuestión de género es espacio abierto.

Una mirada sostiene que en todo caso se puede hablar de machismo de baja intensidad.

Otra habla de la necesidad de reflexionar sobre lo que impuso La Conquista en esa materia en relación a lo preexistente a ella.

Y una tercera postura, y en la cual me enrolo, funda su opinión incluso en un interrogante: ¿cómo hablar de machismo en tanto categoría hoy muy definida, si se trataba de un orden social absolutamente distinto al que vulneró la modernidad colonial… la conquista...

En fin, tema abierto… > Y llegó el mercachifle… “Los mercaderes encargados de proveer víveres a las comunidades (mapuches) más alejadas han sido históricamente actores clave en la construcción y reconstrucción de las relaciones sociales y de género.

Al decir esto pensamos en el papel político que han desempeñado los mercachifles, en complicidad con los poderes de turno, al ingresar bebidas alcohólicas a las comunidades.

“El impacto nocivo que tuvo el consumo masivo y desmedido del alcohol contribuyó, a lo largo de los años, a la paulatina desmembración de la organización horizontal comunitaria-territorial.

“En el XIV Encuentro de Mujeres Mapuches en Las Coloradas pudimos escuchar, en repetidas oportunidades, cómo la llegada del mercachifle a la comunidad mapuche, aún en la actualidad, implica una extrema situación de violencia contra las mujeres.

A lo largo del encuentro hubo una historia conmovedora.

Juana R., miembro de una comunidad alejada, encarna una terrible situación de violencia, miedo y olvido.

Madre de seis hijos/as tiene alrededor de 40 años, aunque su aspecto demuestra el paso del tiempo cargado de trabajo forzado en el campo y el padecimiento de la violencia ejercida por su pareja.

Esta mujer, víctima de feroces golpizas, puñaladas e insultos, nos explicaba que “el mercachifle trae mucho alcohol, y se juntan los hombres a tomar mucho, y nosotras tenemos que estar ahí para atenderlos, sino nos pegan.

“A nuestro entender, la figura del mercachifle sintetiza la forma en la cual se construyen las masculinidades hegemónicas, ya que grafica el complejo entramado de relaciones sociales y de poder cómplices en la creación de modelos de género.

Esto evidencia cómo los varones encarnan diferentes masculinidades según el medio o contexto en el cual se desenvuelven, como lo ha investigado José Olavarría en “¿Nuevas masculinidades o masculinidades emergentes?”.

Ergo, los varones mapuches se han visto beneficiados de los dividendos del patriarcado, aunque, por otra parte configuran una “masculinidad subordinada” dentro del tejido social occidental.

Cuando decimos esto pensamos, por un lado, en cómo los varones indígenas son copartícipes y reproductores del sistema de género moderno/colonial, mientras paralelamente padecen los estereotipos y prejuicios sexistas y racistas vigentes en la sociedad no indígena”.

(Tramos del ensayo “Marcas en la piel.

Orden de género y conflicto territorial del Pueblo/Nación Mapuche en la provincia de Neuquén” de Suyai Malen García Gualda.

Este trabajo, sólidamente sostenido por un riguroso manejo de fuentes, integra el libro “La trama al revés en los años de cambio”, investigaciones compiladas por Orietta Favaro y Graciela Iuorno y publicado por la Universidad Nacional del Comahue.

García Gualda es licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública y becaria doctoral por el Conicet)

PUBLICADO POR DIARIO RÍO NEGRO