Los miembros del lof Vicente Catrunao Pincén realizaron en La Pampa las Primeras Jornadas para celebrar la reconstrucción comunitaria. Vinieron desde todos los rincones del territorio nacional adonde viven descendientes y miembros de esta comunidad günün a küna mapuche que se encuentra desde hace unos veinte años en pleno proceso de reconstrucción, luego de su destrucción y dispersión en noviembre de 1878, en vísperas de la autodenominada “conquista del desierto”.

En un número cercano a los cuarenta llegaron desde San Miguel, Hurlingham, José C. Paz, Capital Federal, La Plata, Bordenave, López Lecube (Buenos Aires), Santa Rosa y General Pico (La Pampa), Neuquén, Santa Cruz y Córdoba.

La cita fue en General Pico, La Pampa, adonde los descendientes que allí residen decidieron realizar las “Primeras Jornadas Lonko Vicente Catrunao Pincén” en una fecha emblemática de su historia, cuando la comunidad ancestral fue atacada por el ejército argentino y su cacique capturado, junto a buena parte de los principales guerreros y familias. A 138 años de ese dia aciago, la actual comunidad decidió reunirse no solo para conmemorar este hito, sino “sobre todo para celebrar y compartir el actual proceso de reconstrucción comunitaria” asi como “visibilizar al lof en el conjunto de la sociedad pampeana”.

Las Jornadas fueron auspiciadas por la Universidad Nacional de la Pampa, el Consejo Provincial del Aborigen, la Municipalidad de General Pico y ElOrejiverde.

Todos somos una sola alma

El viernes 4, luego de las palabras de bienvenida de las autoridades oficiales, dio una charla de apertura el lonko de la comunidad , Luis Eduardo Pincén, quien hizo una semblanza de su tatarabuelo, recuperando no solo sus atributos de guerrero sino aquellos más desconocidos que lo ligan a una profunda espiritualidad, fruto de su rol de ngenpin: “dueño del decir” o “señor de la palabra” y de su pertenencia al linaje del jaguar, el nahuel.

Luis narró la historia de cómo descubrió que el significado de Pincén era en realidad un cargo (precisamente ngenpin) y que su verdadero apellido era Catrunao ( “el que cortó o cazó al jaguar” ) designación que aludía a la condición de cazador del cacique, y a su ligazón espiritual con el gran felino, cuando en las noches previas a la cacería de animales cebados danzaba con su cuchillo y su lanza corta sobre el fuego, haciendo conexión con el espíritu del animal.

También hizo suyas las famosas palabras del cacique Cangapol “¿ De quien era el aire ?, de quien el agua de las lagunas y los ríos ? ¿ De alguno de ellos ? ¿ De la tribu? ¿ O eran de todos ?”, y las del cacique Curruhuinca, cuando señaló que “Toda la Tierra es una sola Alma” haciendo un llamado al sentido comunitario de la vida de indigenas y no indígenas.

Daniel Huircapán, referente günün a küna de Chubut habló después sobre la cosmovisión de este pueblo, en su relación con la naturaleza y los linajes y como cada uno de ellos tiene su gayaw, su canto ancestral. Explicó que estos cantos se estaban perdiendo pero que hoy se están recuperando: “ los hay de los animales, de los elementos de la naturaleza, y de las visiones o expresiones de lo sobrenatural ” señaló.

Reintroducir animales para reequilibrar los territorios originarios

En la segunda parte de la tarde, hubo tres mesas de especialistas que están recuperando animales en vías de extinción, en importantes proyectos. Tal es el caso del Aguila Coronada explicado por José Sarasola y del puma en un equipo liderado por Juan Zanón Martínez , ambos en la provincia de La Pampa. Luego fue el turno de Sebastián Di Marino de la Fundación CLT que se refirió a la “producción de naturaleza” de los distintos proyectos encarados por esa ONG en los Esteros del Iberá (Corrientes), que están reintroduciendo animales como el oso hormiguero gigante, el venado de las pampas, el tapir, el guacamayo rojo, el pecarí de collar y el jaguar, este último caso un verdadero desafío por su trascendencia y complejidad.

Sobre el final de las exposiciones, un jugoso debate con el público puso en evidencia un planteo filosófico acerca de cómo los humanos que se ocuparon de extinguir a todas y cada una de las otras especies, ahora se encargan –afortunadamente- de salvarlas de la desaparición. En ese marco, quedó sobrevolando la idea de que llegará el dia en la Argentina en que sean los propios pueblos originarios los que se ocupen –con asistencia de los especialistas- de los cuidados de esos territorios, de su biodiversidad y de su espiritualidad, para recuperar el equilibrio perdido. Tal como el caso del Parque Luro en La Pampa, que formó parte de los campos de la comunidad histórica de Pincén, tal como lo aseveró Luis.

Estamos vivos, estamos fuertes, estamos de regreso

El sábado 5 por la mañana, nuevamente Daniel Huircapán tuvo a su cargo otra exposición esta vez sobre “Quienes somos los günün a küna” y luego Carlos Martínez Sarasola hizo una semblanza del cacique, hablando sobre su último asentamiento en los campos de Malal Có, sus cualidades espirituales y finalmente su ingreso a la leyenda luego de que fuera visto por última vez despidiéndose de algunos de sus parientes.

A esta charla se sumó el historiador de Trenque Lauquen Juan José Estévez quien enriqueció con varios datos de color el significado de este gran líder que se puso a la cabeza de la resistencia frente a los avances del ejército que iba en busca de los territorios originarios. Ambos coincidieron en que más allá de esta enconada defensa, Pincén y varios de los grandes caciques intentaron hasta último momento coexistir con la nueva sociedad que se estaba conformando en la medida en que fueran respetados sus derechos y los tratados, como el suscripto en 1873 con el gobierno nacional.

Por la tarde el Consejo de la comunidad detalló los distintos etapas del actual proceso de reconstrucción, que incluye la participación desde hace diecisiete años en dos ceremonias del Nguillatún anuales con los hermanos mapuches del Neuquén, para el reaprendizaje de cada uno de los pasos de esa trascendente Rogativa, que en algún momento será nuevamente celebrada en las pampas después de más de un siglo de ausencia. “ Estamos vivos, estamos fuertes, estamos de regreso” fue la conclusión del actual lonko.

Las Jornadas terminaron con una muy emotiva Mesa de los Jóvenes, quienes explicaron sus vivencias personales en este proceso, lo que significa ser parte de el y como siguen el ejemplo y la enseñanza de los mayores. “La continuidad” –afirmaron- “está asegurada”

La celebración

Por la noche, una gran Peña que se llevó a cabo en “El Viejo Galpón”, un amplio espacio destinado a estos eventos, hizo las veces de cierre festivo de dos días excepcionales de reencuentro, reafirmación y solidaridad comunitaria. Varios artistas desataron el baile generalizado, en medio de las comidas tradicionales y las infaltables bebidas. Todo ello sirvió también para recaudar fondos para el inminente viaje a Neuquén de al menos una veintena de miembros de la comunidad para compartir el sagrado Nguillatún en una de las comunidades a las que asisten anualmente.

Unas trescientas personas bailaron y cantaron hasta la madrugada. Y en medio estaban todos ellos. Los que vinieron desde todos los rincones del territorio nacional adonde viven. De Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Santa Cruz, Córdoba. Vinieron para quedarse, están de regreso, guiados por el espíritu de don Vicente Catrunao Pincén, que una vez más, esa noche también estuvo con ellos.

Por ElOrejiverde

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