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Son 20 miembros de la etnia wichi que comparten una tapera en la Misión Asamblea de Dios. José, de 14 años, no habla ni camina, y su mamá padece cáncer en los huesos. Necesitan ayuda. Desde el gobierno afirman que están asistidos, aunque la realidad de esa gente hace dudosa la afirmación oficialista.

 

En la tapera de Justino Arias, allá en Misión Asamblea de Dios, en Dragones, toda la familia, que son como 20, almorzó unas migas que hacen al fuego con aceite, harina y sal "porque carne no hay". Tampoco hay leche, verduras, frutas ni pañales para José, el hijo discapacitado que con 14 años no habla ni camina. Ahí no hay luz, agua, mucho menos gas ni cloacas. La vida de los Arias es un eterno no a todo lo básico e indispensable para la vida, que lo mismo se impone para mostrarnos sus peores caras.

Justino es el jefe de una familia wichi numerosa: siete hijos, tres yernos, ocho nietos y Guillermina, su esposa, que soporta un cáncer en los huesos en las más penosas condiciones. Cuando ya no aguanta los dolores "se va al hospital de Embarcación y le ponen una inyección que le dura dos o tres días. Ella no puede hacer nada ya y lo mismo tiene que gastar mil pesos por mes en remedios", describió el marido. Al dinero para mitigar la enfermedad lo saca de la pensión por siete hijos que es lo único que une a esta familia con alguna ayuda del Estado.

Viven en situación desesperante. Olvidados, envueltos en las mareas de sus harapos, revolcados en el polvo de esa tierra estéril, resignados de tanta indiferencia. Niños y adultos no figuran en las frías cifras de las estadísticas y los censos, esas decisivas criaturas del canibalismo justificacionista. Y si así no fuera, ¿por qué José nació hace 14 años discapacitado y hasta hoy no tiene un diagnóstico, nunca fue estimulado ni bien nutrido? ¿Por qué no recibe leche, vacunas ni pañales? Estos olvidados no entran en las categorías sociológicas, pertenecen al subgrupo marginado del sistema productivo, no tienen trabajo ni se sostienen con los planes sociales, y solo por el recuerdo de las migas políticas que reciben en campaña, emiten su voto en las elecciones, aunque después sigan bajo la alfombra de la indiferencia gubernamental.

"He hecho muchas gestiones en la oficina de Desarrollo Social de la Municipalidad de Embarcación para que le reconozcan la discapacidad a mi hijo y nunca se hizo nada. Guillermina Morales, que es mi esposa, también está discapacitada ahora con cáncer de huesos, va al hospital pero nada le calma el dolor. Mi hijo José es el único varón y está mal de la cabeza, de la columna, no tiene atención médica, no toma ningún remedio, nunca le han hecho fisioterapia. Los agentes sanitarios que pasan de vez en cuando no lo tienen en cuenta", detalló Justino.

Las cuatro hijas mayores del matrimonio ya le han dado 8 nietos a la familia Arias, y tres yernos. Todos, los 20, comparten el rancho, como le dice Justino a la carpa montada con plásticos sobre palos y una que otra chapa. Hacinados sin esperanzas sobre unas cuantas gomaespumas con pretensiones de colchón, acostumbrados a lo malo, al desgano, al sin futuro. Así pasan la vida en complicidad con los 8 perros, que se las rebuscan para comer aunque a todos se les cuentan las costillas. "Cuando conseguimos algún bicho del monte, un chancho, quirquincho o iguana, cocinamos para todos y para los perros también", dijo Justino, y agregó: "Los chicos toman leche cuando llega el bolsón cada mes o mes y medio, son dos por familia. A a mí no me dejan bolsón porque mis hijos están grandes, dicen, pero José es como un bebé toda la vida, ni pañales tiene y no controla sus necesidades. Pienso que deberían ayudarnos, no podemos seguir tan mal".

Por el rancho de esta gente, en Misión Asamblea de Dios, no pasa el camión a dejar agua. Todos ellos consumen agua de la cañada que queda a 100 metros de la vivienda, donde también se bañan y lavan la ropa, pero esta única fuente de agua está en peligro. "Necesitamos urgente una bomba de agua porque están haciendo las cloacas en Dragones y toda el agua servida irá a desembocar en la cañada donde bebemos nosotros y los animalitos. Sin agua, no nos queda nada",dijo.

Y se lamentó: "Nos hace falta todo, acá no hay trabajo, mis yernos hacen changas pero no consiguen. Yo tengo varios oficios: albañil, cortador de ladrillos, carpintero manual, pero no hay trabajo. Si nos pueden ayudar, les doy las gracias".

JUSTIFICACIONES GUBERNAMENTALES

La subsecretaria de Emergencia Social del Ministerio de Asuntos Indígenas y Desarrollo Comunitario, Edith Cruz, explicó que en el caso particular de José Arias, de 14 años, "se le hacen periódicamente controles de salud y cuenta con el certificado de discapacidad con vigencia hasta el año 2020". Sin embargo, el certificado no le ha servido aún para tener una pensión que cubra mínimamente sus gastos. Sobre este punto, Nora Cannuni, supervisora de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Embarcación, dijo: "Jamás logramos que el padre llevara a los controles médicos al chico. La Municipalidad de Embarcación le gestionó recientemente la pensión por discapacidad y ya está el trámite en el centro de cargas de la Nación, así que calculamos que comenzará a cobrar en dos meses" (después de casi 15 años).

Edith Cruz detalló que "José recibe la atención de médicos a través de los operativos sociosanitarios y en coordinación con la Municipalidad de Embarcación se le hace entrega de módulos alimentarios de emergencia y pañales. El año pasado, junto a la Secretaría de Discapacidad, se le realizó la entrega de una nueva silla de ruedas y se les brindó a José y a su familia, camas, chapas, colchones, frazadas y ropa".

Cannuni, indicó que "entendemos que no podemos cambiar su cultura, su forma de vida, que todo lo que hacemos desde la comuna queda como parche en la vida de estas familias, pero siempre estamos atentos a sus necesidades", y aclaró: "Si bien la mamá de José tiene una enfermedad en los huesos que realmente no la deja hacer nada por los dolores, no es cáncer en los huesos. Ella recibe remedios y atención".

Los organismos gubernamentales aseguran que cumplen con los protocolos para asistir a estas familias en situación de indigencia, sin embargo, sigue abierto el signo de pregunta: ¿hasta cuándo contaremos las mismas historias sin final feliz?.-

 

FUENTE: EL TRIBUNO- http://www.eltribuno.info